jueves, 4 de diciembre de 2014

"LA AMANTE DE BERTOLT B.", de Marcelo Magnone

El amor que trae vientos de sospecha.-

    

  Cuando se conocieron, entre ellos medió una situación desesperada, al menos de parte de Ana, actriz y madre separada de su hija por complicaciones de orden bélicas, lo cual la motivó a embarcarse en un falaz engaño que la dejaría sumida en el desamor... o en el amor desencontrado con Hans.

Es así como gana el papel de su vida: convertirse en la amante y espía de Brecht, pasando a formar parte de su compañia teatral, la "Berliner Ensemble", de Berlín. Protagónico asumido por la sospecha que recaía sobre Bertolt sobre su posible implicancia con el nazismo.




La obra se sitúa promediando los años ´50, haciendo un juego de ida y vuelta en el tiempo de manera cuasi-cinematográfica, lo cual permite mantener al espectador en vilo durante toda la función, a fin de comprender el hilo de la trama argumental.


 La pieza teatral conjuga una prolija actuación realizada por tres actores, Andrea Juliá (María), Mario Petrosini (Hans) y Verónica D´Amore (Ana), y la realización performática en torno a la música de un violín que ejecuta una pieza en vivo y acompañado por el sonido, como asimismo se plantean coreografías esbozadas por los antes mencionados, lo cual aporta significación narrativa y contenido emotivo en cada momento de su presentación.


      El vestuario, maquillaje y escenografía se encuentran acorde a la época, resaltando las notas de color la situación dramática, como así lo escenográfico hace lo suyo para generar una atmósfera de clima nostálgico y de encierro, propio de tiempos de post-guerra tan sombríos como la penosa y perniciosa operación hitleriana. 


     Un ambiente de Cabaret es el escenario dónde se desarrolla la obra, el cual ya no hace las veces sitio que es útil a la "dispersión cotidiana", sino como lugar dónde se funden las tramollas de espionaje alrededor de Brecht.


    De este modo es como cada signo que se utiliza en el montaje y la puesta en escena, confluyen para dar sentido y coherencia al argumento, imbrincando un teatro representacional con otro presentacional, que oscila entre lo musical/ coreográfico, la ruptura de la cuarta pared a partir de la mirada puesta en el pública por parte de los actores, así como se manifiesta desde un teatro de representación del texto dramático.

Ficha Técnico - Artística
Dramaturgia
Marcelo Magnone

Actores
Verónica D´Amore/ Andrea Juliá/ Mario Petrosini

Vestuario y Escenografía
Carlos Di Pasquo

Diseño de Luces
Fernando Díaz


Música Orignial
Sergio Vainikoff

Fotografía 
María Gutiérrez

Ilustración
Beatriz Bekerman

Diseño Gráfico
Marcelo Mangone

Dirección
Marcelo Mangone

Asistencia de Dirección 
Nicolás Lecuna

Prensa
Te Hago La Prensa

Producción Ejecutiva
Del imaginario teatristas

Producción
Convexa Producciones

EL MÉTODO KAIRÓS TEATRO
El Salvador 4530
Caba
Tel: 4831-9663
Funciones: Viernes 21 hs.

jueves, 30 de octubre de 2014

SEXO DE-VIL, con direcc. de Elías Miguez.

De la Mujer que, sexualmente, nada le falta.-

  Miguez y elenco nos acercan una obra que trae sin duda el asombro y un cúmulo de sensaciones a los cuerpos expectantes. Cinco actrices en escena que entregan todo y muestran mucho más...
   La pieza teatral comienza de una manera que (quizás) resulte extraña, que (quizás) no sea apta para todo público y que (quizás) a aquellas mentes más "conservadoras" y/ o tradicionales les genere algo de pudor. Y hablamos de cinco cuerpos, femeninos cuerpos, puestos casi al desnudo, cubiertos tan sólo en sus partes inferiores, vestidos con ropa interior que recuerda a bombachones de abuelas, y deliciosos zapatos de taco alto. Todas con el torso desnudo, con los senos expuestos.
   Y esto por hablar meramente del "vestuario" inicial, puesto que a tal presentación acompaña una performance, digamos, un tanto erótica, dónde la simulación orgásmica puede resultar verosimil. Sí, el sexo es una constante que atraviesa toda la obra, pero no de cualquier manera. Atraviesa desde una mostración del género "mujer" invertido por momentos, asumido en el cuerpo de un hombre que ya no dice ser un trans sino que se reconoce como mujer, y es "penetrado" como mujer, por otra mujer que uno ya no sabe si es que está representando una mujer o un hombre.
   Cuerpos deseantes que se entregan al placer de la sexuación gozosa, cuando no violenta. El vestuario se irá complejizando para introducir escenas más habladas que las primeras, donde las palabras son utilizadas para poner de manifiesto ciertas denigraciones obscenas que frecuentemente toda mujer vive en su día a día; palabras emitidas habitualmente por hombres que aquí son prodigadas por ellas mismas, mujeres.
   Hermosas mujeres con su sexualidad a cuestas, con su sexo a cuestas, mujeres que están allí para representar-nos que de dé-viles no tienen nada, y que (quizás) de dé-viles tengan mucho...
  Una escenografía que pasa el límite de lo despojado, donde el acento está puesto en esas seis corporalidades que hablan por sí mismas, que (quizás) no necesiten más elementos que su propia esencia, y algún que otro vestido que refleje "la fémine".
   Es de destacar el despliegue acrobático de varias de las actrices, aportando un toque performativo y una arista más presentacional. Se trata aquí de un elenco que, en su mayor parte, tiene una formación que excede lo teatral, y que seguramente está conformada por disciplinas circenses y danzas.
  Intentando hacer un aporte personal, me atrevo a decir que el vestuario, sobre todo los vestidos, no resultaban del todo acorde al tono general de la obra. Y en cuanto a la performance que transcurre sobre el final de la pieza, donde una de las actrices baila, sería interesante que no se recurriese a un play-back y que la actriz se arriesgue al uso de su propia voz, dado que resulta artificial que haga "como si" estuviera cantando.
   Fuera de este par de detalles, Sexo Dé-vil rompe con ciertos esquemas de la escena porteña actual, apuesta al desafío performático y temático, pone todo de sí y da que hablar a los espectadores.
Zaira Marchetto

FICHA TECNICA

Grupo Los Algo nunca fuimos Nada
Dir: Elias Miguez

Asistente Dir: Atilio Schweizer

Intérpretes
Lucía Asín, Pamela Campos, Priscila Favre, Carolina Pitetti
 Cecilia Slamecka y Miguel Patiño

Fotografía y Filmación Trailer: Paula Schweizer/ Javier Perrone.

Ilustración y Diseño de Imagen: Matías Páez

Diseño Gráfico: Juan Lillo

Diseño Audiovisual: Paula Bruzzese/ Javier Perrone.

Diseño Iluminación: Cristian Domini

Producción Ejecutiva: Hernan Stibanelli








jueves, 28 de agosto de 2014

¿LA LLAVE?, con dirección de Fernando Naval

"De la muerte que no deja de inscribirse".-

la muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos. 
(antonio Machado).-  



     Ana, María, Eva, Juana y Magda son las cinco mujeres que conforman el elenco interpretante de ¿La llave?, una obra dirigida por Fernando Naval y escrita por la dramaturga Leticia Otazúa en función del proceso grupal de improvisación ensayística, dramaturgia de grupo y de autor parafraseando a Dubatti. Elementos de una creación colectiva, donde el quehacer artístico va tomando cuerpo y forma a partir de la interioridad de cada ser que poco a poco va transformando una exterioridad enriquecida por la trayectoria y formación personal, imbrincada con lo que trae el Otro. Fusión de elementos experienciales y artísticos que dan como resultado un espectáculo poco común, que sorprende por sus notas estilísticas en un vaivén emocional nada frecuente...

 
Son ellas, estas mujeres que conforman asimismo una cooperativa teatral, quienes dan vida y cuerpo a esos personajes desolados y solitarios; cada uno con una historia porqué no decirlo, un tanto oscura, en donde el pasado se hace presente dejando una huella que nunca dejará de ser cicatriz. Y de esas, cicatrices, que corren el riesgo siempre de volver a ser sangre. Heridas que no cierran, presentes hechos de pasados que nunca dejan un futuro real en la vida de ningún ser viviente.


   
Mujeres todas que desde un inicio y en la oscuridad representan una danza de gritos y cuerpos angustiados y angustiantes, desesperados preguntándose las unas a las otras quiénes son, inquiriendo una respuesta por una nominación que no llegará jamás. 
Y en dónde se pone de relieve y de manifiesto que un nombre que no alcanza a su 
enunciador, no deja más que un vacío en la existencia paupérrima del devenir engendrado y fútil.
       Esta puesta atinandamente presenta una escenografía por demás prolija, en cuyo despojo encontramos la huella de una teleología estética que confluye acompañando la trama argumental y dramático. Telas negras y traslúcidas se encargan de subdividir el espacio escénico de manera tal que logran su intencionalidad: dar el aspecto de lo lúgubre, lo mortuorio que no cesa de hacerse presente cada vez. 


 
Un vestuario que va de la mano de lo escenográfico, con la misma elección cromática del negro pero con la nota distintiva del detalle bordeaux en forma de accesorios en cada una de las actrices, sea en un pañuelo, en una servilleta, en un cinto, o en alhajas. 





El sentido propuesto se completa de la mano del músico que conforma CNTV y que se encarga de traer el sonido de manera performática, haciendo su presentación durante el transcurso ficcional con una melodía que no puede menos que acompañar lo lúgubre de la escenografía y del contenido dramático de la obra.




     

     ¿La llave? nos acerca cinco historias en apariencia inconexas que, durante el devenir de la puesta, van dando cuenta de una línea tácita que las atraviesa a todas y cada una de ellas: historias de soledades que dejan a sus protagonistas inmersas en la más profunda locura y desesperanza; historias de encierros y vaguedades que ninguna llave logrará destruir; abandonos que no dejan de doler, que no dejan de impeler a la salvación divina, que no puede esperar más que una muerte que destroce los sentimientos que la culpa no deja de hacer palpitar con cada segundo en que la existencia se vuelve más y más alienante e inquietante. 


     Historias de cuerpos usurpados, violentados, despojados de su humanidad: cuerpos que no podrán volver a llamarse en una totalidad personal. Corporalidades que se convertirán, asimismo, en opacidades que sin embargo dejan entrever la cara irónica de la muerte que quiere jugar con la desgracia, cuando de ella no hay forma de escapar....

ZairaMarchetto




FICHA TECNICA


DIRECCION


fernando naval


asistente de direccion


florencia mouriño


autores


adriana maria cappella


carina dominguez


leticia otazua


marisol castro


fernando naval


mirta alvarez


macarena fuentes


INTERPRETES


adriana maria cappella


carina dominguez


marisol castro


mirta alvarez


macarena fuentes


ambientacion sonora


cntv


diseño escenografico y lumínico


miguel angel cubilla


diseño del vestuario


maria eugenia lopez pereira


arte y diseño


emiliano montenegro


teatro de la fabulaaguero 444 - CABATel. 4862-6439
Funciones domingos 19 hs.agosto 10, 17, 24 y 31septiembre 7, 14 y 21.



viernes, 15 de agosto de 2014

CON UN TIGRE EN LA BOCA, Manual de los amantes.-


"De Teatro y otras poéticas".-

Tiéntame, acaríciame
lléname cada instante de ti,
haz que cada noche sea un sueño
y cada despertar una sonrisa,
lléname de ti 
y llévame a tu amor.

Con dirección de Hugo Urquijo, esta obra tiene la peculiaridad de generar un puente entre dos lenguajes artísticos y expresivos diferentes: el teatro y la poesía. 


Los poemas, escritos por Jorge Boccanera, Patricia Díaz Bialet, Laura Yasan y Juano Villafañe, cobran cuerpo y voz en los actores que interpretan este espectáculo: Ingrid Pelicori, Martín Urbajena, Ana Yovino y Gustavo Pardi. 



Cuando ellos hacen su aparición en escena, toman asiento y se presentan uno por uno, pero lo hacen no desde su "sí-mismo" sino enunciando a los poetas, los antes citados. 

La enunciación toma así el enunciado de un Otro que habla por ellos y que ellos, a su vez, se encargan de dar vida y potencia espectacular.
Y siendo que el teatro hace las veces de portador poético, no puede menos que hablarse de amor. Dos parejas, dos encuentros, dos imposibles. Espacios dónde el erotismo y la pasión se dejan entrever de manera delicada y alusiva, dando cuenta de que, cuánto más amplio y profundo sea el desear, más imposible se torna.

Amantes que se hablan y no alcanzan con las palabras a develar la totalidad de su amor; amantes que danzan un ritual del Eros que no puede más que terminar. Palabras, poemas de grandes pasiones y peores despedidas. Carnes desgarradas de aquello que se soñó tener, que se tuvo, y que demostró lo efímero del afecto entre dos.


En la boca de cada uno de ellos, actores, las palabras se conjugan para ser dichas con una potencia feroz: no es casual el título de la obra... "Con un tigre en la boca", recuerda lo felino que puede resultar lo femenino en una mujer y su goce, lo mismo que la ferocidad de una palabra encarnada vivamente y en todo su esplendor, alegoriza lo masculino en su virilidad felina.
Y para no quedarnos con estos "únicos" lenguajes, el teatral y lo poético, hace su acompañamiento un performer puesto en escena, el músico Fede Marrale, quién con su teclado y diversos instrumentos, ambienta y enfatiza cada nota de lo poético, cada cruce de cuerpos, cada rostro que acaricia, cada ausencia que se refleja en un partir.
Dos parejas, dos encuentros/ desencuentros que, desde el lenguaje lumínico, enfocan y se enfoca en unos u otros, poniendo en primer plano el cuerpo y la voz de aquellos, para dejar en un segundo a los otros, intercalados una vez y otra, para dar noticia de qué momento  está sucediendo y quién lo está encarnando.


Una escenografía sencilla, compuesta de cuatro banquetas, altas, para que los actores reposen cómodos durante la función. Cuatro atriles en frente de ellas, también altos, de música, pero en vez de partituras con notas, hojas con poemas que serán tomados por los intérpretes y paseados en su danzar cuando se desprenden de las banquetas para trasladarse en el encuentro con un otro.
Y un vestuario y maquillaje que conjugan negros, grises y rojos, dando sensación de elegancia y sobre todo, anclándose como símbolo de la pasión propia de amantes enardecidos.
Esta obra propicia el aventurarse en las palabras que son dichas por los actores, en un viaje que recuerda al de la imaginación de todos nosotros, cuando niños, mientras leíamos algún libro. Recorrido de paisajes primaverales, estivales, pero sobre todo, del paisaje del amor y la pasión. Un manual para amantes...

Zaira Marchetto


FICHA TECNICA

DIRECCION
Hugo Urquijo

TEXTOS
Jorge Boccanera
Patricia Díaz Bialet
Juano Villafañe
Laura Yasan

INTERPRETES
Ingrid Pelicori
Martín Urbaneja
Ana Yovino
Gustavo Pardi

MUSICO EN VIVO
Fede Marrale

FOTOGRAFIA
Alejo Olmos

ASISTENTE DE DIRECCION
Tony Chávez

PRODUCCION
Pablo Silva

COMUNICACIÓN VISUAL – C.C.C.
Claudio Medin/ Estudio M

Centro Cultural de la Cooperación
FLOREAL GORINI
Av. Corrientes 1534 - CABA
Tel. 5077-8000

Funciones Sábados 19 hs.

miércoles, 30 de julio de 2014

LA PERSISTENCIA DE LAS ÚLTIMAS COSAS.-

"De una insistencia que busca anular la causa de lo que no habría de ser".-

El deseo es siempre deseo. La falta genera al deseo. El deseo nunca se satisface del todo. El sujeto está sujetado al deseo. Jacques Lacan

Si algo tiene de característico el teatro "Vera Vera" es precisamente su espacialidad: una sala donde el público quedaría algo así como "comprimido" por la ubicación de las sillas, a fin de aprovechar al máximo la totalidad de la superficie. Esta suerte de "compresión espectatorial" va a permitir que el público rápidamente se compenetre con lo que sucede allí, a escasos metros de sus pies. 

La persistencia de las últimas cosas, escrita y dirigida por Juan Crespo, con asistencia de Josefina Bauni, realiza un aprovechamiento absoluto de tal cualidad, ya que desde antes que los concurrentes a la obra se sienten la música ya está sonando y los actores hablando. 



La iluminación (a cargo de Roman Tanoni) más la escenografía terminan de completar la ambientación que intencionalmente han buscado: la de una zona "oscura", casi en penumbras, en la cual hábilmente se direccionan las luces a cada uno de los actores a fin de generar mayor efecto dramático. 


El lugar donde se despliega la acción será la de un living de una casa de paredes oscuras, con una mesa cubiertas de fichas de casino, cigarillos que fuman constantemente los actores (y no cualquier cigarillo, dado que de ellos se desprende un olor muy particular), armas de utilería que conforman un objeto de trascendental importancia semántica en el despliegue actoral dado que el signo de la violencia aparece una y otra vez durante el desarrollo de la función. Y un cúmulo impresionante de recuerdos que toman la forma de cartas de amor, de ese ser que amó alguna vez y que ya no podrá ser atravesado por la misma pasión. Al menos no para aquél objeto erótico que constituyó ese Otro...



El elenco, conformado por Pablo Fetis, Martín Pérez y Mara Teit, es el encargado de llevar a cabo el contenido de la fábula: dos hombres, gays y exs, y una mujer que hace las veces de amiga del abandonado y de amante de esos amores tales que siempre resultan incompletos y frustrantes. 



La dinámica que entre ellos se genera resulta ser la de una química acabada, permitiendo que el observador se involucre desde la risa a partir de situaciones absurdas y hasta exageradas, hasta la identificación con los propios momentos que cada uno de nosotros puede atravesar en las historias amorosas que no gestan más que desencuentros desafortunados.


El uso constante de tonos de voz elevados que llegan en varias oportunidades al grito y al llanto, más el despliegue de una gestualidad pronunciada, evidencian la involuntaria tendencia humana de desgarrarse ante la pérdida del ser amado. Y es que Federico, encarnado por el actor Martín Pérez, recientemente abandonado por su novio, experimenta de este modo afectos tales como el dolor, celos, angustia, humillación narcisista y odio... sobre todo odio. 


Envuelto en un torbellino cuasi-psicótico, desarolla una serie de comportamientos que adhieren a un "pathos" propio de un sujeto en melancolía: intenta confirmar infidelidades contratando a un detective; desea profundamente la muerte de aquél maldito que lo dejó en semejante desasosiego; no puede para de hablar de él, de recordarlo, en un intento infecundo por simbolizar a través de la palabra el "único efecto real", como diría Lacan: el de la angustia.

La obra encuentra finalmente su resolución, atravesando las huellas del odio para volver a poner en primer plano lo interesante a destacar en toda historia de amor: aquello que nos hizo amar a esa persona y no aquello que nos hizo odiarla...

                    Zaira Marchetto



FICHA TECNICA

DIRECCION Y DRAMATURGIA
Juan Crespo
ASISTENCIA DE DIRECCION
Josefina Bauni
ELENCO
Pablo Fetis – Mara Teit – Martín Pérez
DISEÑO DE ILUMINACION
Román Tanoni
DISEÑO GRAFICO
Juan Barboza
FOTOGRAFIA
Nicolás Bellati
PRODUCCION
Juan Crespo – Mara Teit
PRENSA
Charly Zárate
FUNCIONES: Sábados 23 hs.
VERA VERA Teatro
Vera 108 - Caba



martes, 29 de julio de 2014

ANTÍGONA.-

“Una tragedia donde el amor rompe las cadenas del destino”.-
Por Zaira Marchetto


En esta versión libre de José Watanabe sobre la tragedia de Sófocles, Ana Yovino encarna el papel de Antígona, siendo dirigida por Carlos Ianni en el CELCIT.

Con una escenografía que consta únicamente de tres largas sogas blancas colgadas del techo, y con la utilización de las paredes de la sala, la actriz realiza un despliegue corporal y dramático digno de ser elogiado.
Desde un primer momento, los espectadores nos vemos envueltos en una gestualidad tal que logra capturar nuestro escópico goce y nos compenetra por completo en la tragedia que sucede ante nuestra presencia.
Sin más recursos que los suyos propios, Yovino deleita con una interpretación magistral, en la cual no solamente oficiará de Antígona sino del Rey de Tebas, Creonte; un soldado de éste; la propia hermana de Antígona, Ismene, entre otros. 


Se verá entonces como esta actriz cierra sus ojos y genera la magia: una nueva voz aparece junto a un tono y una corporalidad diametralmente opuesta a la que viniera dramatizando, para dar vida a un nuevo personaje. 

Lejos de provocar un tedio por ver durante algo más de una hora a la misma persona en escena, como espectadores que somos nos vemos totalmente inmersos en la fábula, anhelando que la tragedia no termine como tal, y que esta valerosa mujer que es Antígona (hija de Edipo y Yocasta), encuentre la libertad y el amor de su amado Hemón, hijo del tirano Creonte.


Este despótico e inhumano rey, a enterrado en vida a la joven mujer, quién es de este modo castigada tan sólo por querer vez tras vez dar entierro al cuerpo de su hermano Polinices, el cual yace a la intemperie a la espera de que los animales destrocen sus restos. Y es Creonte precisamente quién determina tal destino, debido a que considera que Polinices ha cometido traición: según el mito, éste junto a Etéocles, el otro hermano de Antígona, debían sucederse períodicamente el trono, lo cuál Etéocles incumple, permaneciendo en el poder más de la cuenta, lo que desencadena la guerra entre hermanos, y determina que Polinices busque auxilio en una ciudad rival a Tebas (Argos). Ambos terminarán muertos en combate, pero al cuerpo de Polinices se le negará de los honores fúnebres, ceremonia de trascendental importancia para los griegos dado que, de no llevarse a cabo, el alma del difunto estaría condenada a vagar eternamente por la tierra. 


Desesperada ante tal fatal desenlace para su hermano, Antígona se ve presa de una compulsión que no encontrará barreras que puedan detenerla en su afán de darle entierro. Descubierta, será apresada y sepultada en vida, en una inmensa montaña.

Como puede observarse, una tragedia de semejante impronta y tan elevada complejidad humana, es sin embargo puesta en escena de una manera, como ya se observara, simple y despojada de artilugios escenográficos, presentando en una única persona la encarnación de distintos personajes. Acompaña a esta simpleza el vestuario de la actriz, quien solamente lleva un atuendo de color blanco, quizás para representar la pureza de su ser...


Y es que el acento en esta obra está sin duda puesto en el extraordinario trabajo corporal que lleva adelante Yovino, junto con una capacidad oratoria inequívoca y acabada. 


Es de destacar que la iluminación confluye en la configuración "espacial" que el relato de la actriz junto a su labor gestual/ corporal nos van denotando, construyendo diferentes universos simbólicos que refuerzan la trama dramática. 

Recomiendo especialmente a mis lectores que vayan al CELCIT a ver la obra de Ianni y a esta actriz que, nuevamente, me deja sin palabras. Pero dada mi función de escribir sobre teatro, intento traducir la emocionalidad que se me generara en palabras que espero puedan tocar las fibras sensibles de todos ustedes como para que deseen vivenciar lo por mi vivenciado. Un profundo agradecimiento a Ana por invitarme a ver Antígona, sin duda, vale siempre la pena verla.


 “No era Zeus quien me la había decretado, ni Dike, compañera de los dioses subterráneos, perfiló nunca entre los hombres leyes de este tipo. Y no creía yo que tus decretos tuvieran tanta fuerza como para permitir que sólo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe cuándo fue que aparecieron. No iba yo a atraerme el castigo de los dioses por temor a lo que pudiera pensar alguien”.


Antígona.-



FICHA TECNICA

Dirección
Carlos Ianni

Elenco
Ana Yovino

Escenografía y vestuario
Solange Krasinsky

Asistente dirección
Soledad Ianni

Funciones: 
Viernes 21 hs. 
CELCIT 
Moreno 431 
Caba

MARCOS Y LA MUJER PEQUEÑA, de Luz Quinn

"Cuando el amor y el tiempo no logran formar más pareja que una des-pareja"

"Cuando pasen los años y  yo sólo sea un hombre que amó, un ser que se detuvo un instante frente a tus labios, un pobre hombre cansado de andar por los jardines, ¿dónde estarás tú?".
Anónimo

La acción dramática de la obra gestada por Quinn sucede en un pueblo que ha dado en llamar "El borde", nominación en lo absoluto casual puesto que a medida que transcurre el desarrollo de Marcos y... se van sucediendo cada vez situaciones limítrofes: entre el amor y el odio, la ciudad y el campo, la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, la niñez y adultez. Bordes esquizofrénicos que ubican al espectador en un otro "entre": entre la risa y el llanto, entre la empatía y la des-identificación. Apuesta actoral y autoral que permiten el involucramiento del público en lo acontecido escena tras escena.


En lo que a mi labor de crítica de obras teatrales respecta, este es la segunda oportunidad que tengo de presenciar una "dramaturgia de escena" (la anterior fue la obra de William Prociuk sobre "El deseo en el espejo"), concepto acuñado por Jorge Dubatti, en el cual se combina la dramaturgia de director, con la del actor y la de grupo.
Asimismo, Luz Quinn vendría a ocupar el lugar de "teatrista" (otro concepto de Dubatti), dado que remite al creador que no se limita a una tarea en particular sino que engloba en sí diferentes roles, a fin de manejar desde su "sí mismo" la totalidad o casi totalidad del conjunto de oficios escénicos. En Quinn encontramos entonces la sumatoria de la dirección escénica, la dramaturgia y la actuación. 


Es de destacar que en lo que a la actuación refiere, Quinn encarna no un personaje sino varios: Nélida, una madre desbordada y desbordante que aliena permanentemente a su hijo adulto (Marcos, interpretado por Francisco Oriol) al cual no permite crecer; una mujer demandante e insegura, que con sus reclamos autoritarios y posesividad inexiste a un marido que es incapaz de hacerse "presente" en escena (literalmente ausente); Lucía, una joven abandonada por su marido en plena luna de miel; Toni, un enfermero parco y distante que sin embargo será cómplice participante de la resolución del conflicto central de la obra: un amor no logrado, que se ha visto preservado durante toda una vida y que encuentra su punto cúlmine de concreción cuando ya todo se veía perdido. 


Marcos y ... tiene la particularidad de acercarnos conflictos cotidianos, que a cualquiera de nosotros bien podrían sucederles, sin embargo la nota distintiva es que se los presente desde un lugar quizás podríamos decir "exagerado", que generan en sí la incredulidad de los mismos, lo cual termina por aligerarlos, provocando no pocas risas en el espectador. Espectador que vez tras vez va siendo involucrado en las escenas, desde una apelación directa a través de la mirada de los actores, diluyendo la cuarta pared y generando un clima de familiaridad entre espectador/observado. Y una dinámica escénica que se propone permanentemente desde una dualidad lúdica de entradas y salidas, esta obra logra capturar la atención y el asombro del público.


Con una escenografía nada despojada, configurada de manera tal que verdaderamente vamos a encontrarnos inmersos en el living de una casa, la casa de Marcos. Un "hogar" (disfuncional por demás) que lejos está de tener algún signo de agiornamiento, dado que todos los objetos, muebles y decorados son claramente añejos: sofás y lámparas antiguas, fotos viejas con marcos dorados de época, "paredes" empapeladas con florecitas, etc. 

Todo todo ha quedado en el tiempo. Un tiempo que, ante una ruptura mortal, habrá de comenzar nuevamente a escuchar el "tic tac" de lo que no debe dejar de suceder. Estancamiento neurótico que sólo será disuelto cuando sus protagonistas, los "estancados", se resuelvan a dejar ir el goce, y avanzar... junto con el paso del tiempo.

Amores prohibidos, fuera de época, avanzados, pecaminosos, asexuados, lésbicos, que sin duda encontrarán en la imaginación de esta creadora una resolución feliz, como salida de un cuento de hadas.

                                      Zaira Marchetto





jueves, 17 de julio de 2014

GUAYAQUIL, UNA HISTORIA DE AMOR: " De la pasión por lo prohibido".-

“Antes, el Ángel de la Independencia era lo primero que se veía parado contra el cielo, a ras del aire, donde empiezan las nubes. Era el sueño más acariciado de los niños de provincia en sus tardes de calma cosquilleante“. 
Elena Poniatowska.-



















Haciendo un uso que aprovecha las posibilidades espaciales del escenario, el espectador se encuentra desde un comienzo con la división: a izquierda y a derecha se ubican idénticos elementos (dos grandes plataformas circulares y dos sillas en dirección opuesta al público). 

En la proximidad de la platea, encontramos una división más constituida por una superficie rectangular clara, con dos sillas que se disponen enfrentadas.

Con dicha configuración escenográfica, nos adentramos en la historia que, precisamente, nos habla del amor que dos hombres sienten por una misma mujer: Manuela (Ana Yovino). Dos hombres que son íconos de la cultura revolucionaria, nada más ni nada menos que San Martín (Edgardo Moreira) y Bolívar (Pablo Razuk).

Esta obra tiene la particularidad de abordar tan emblématicos seres patrióticos desde el punto de vista del amor, pero de un amor que se encuentra con la dificultad más grande: el ser prohibido. Prohibido por mandatos de la época, prohibido por trascender los límites del matrimonio, los religiosos... en fin, los límites. Una transgresión que, como todas las transgresiones, tiene un precio alto: el dolor.
Y como en toda historia donde el amor se ve impedido, no faltan las traiciones y las deslealtades. Porque no sólo estos dos hombres aman a la misma mujer, también dos mujeres (Ana Yovino y Georgina Rey) aman al mismo hombre. Pero dos mujeres que son íntimamente amigas y confidentes, lo cual propicia el terreno fértil para el despliegue de envidias, sentimientos de traición y, por ende, de venganza. Aquél que posee un secreto se sabe poseedor de un magnífico poder sobre el otro...

En Guayaquil los distintos lenguajes expresivos confluyen para reforzar la trama dramática: la configuración escenográfica, como ya se indicara previamente, los vestuarios propios de aquella época histórica de mediados de 1800, las luces que convergen en pos de la división escénica intencionada, y la música que no podía menos que ser clásica. Dos mujeres con dos vestidos casi idénticos, simbolizando su color blanco la pureza que le es propia. En lo que distan de ser idénticas es que, una de ellas (precisamente Manuela) tiene un accesorio particular: un chal rojo, que vendría a simbolizar la pasión, dado el contexto en el que se enmarca la obra.
Un escritor y periodista (Rodrigo Pagano), curioso por demás, resulta ser el hilo conductor de la historia: aparece ya en las primeras escenas tratando de indagar la causa por la cuál San Martín se rehusó a librar batalla. Este mismo personaje aparecerá nuevamente hacia el final, y en un encuentro con aquél le serán reveladas los motivos que tanto anhelaba saber. 


Hombres que libran las mismas batallas: luchan por el amor de una mujer y luchan por la libertad de su tierra. Puesta en juego de una ética belicosa que no engrendra más que sospecha y desunión, como toda situación de enfrentamiento no puede más que terminar en desastres. 
Mujeres que también libran sus batallas, por el amor, por el deseo femenino, por la libertad de sus cuerpos y de sus pasiones, por sus goces maravillosos que danzan sobre los cuerpos de los hombres, aquellos objeto de sus deseos. Y hombres que, como en toda situación en donde se pone en juego el goce femenino, son llevados a la pérdida de la lucidez propia de la obsesividad masculina.

Para decir unas palabras a modo de conclusión, Guayaquil nos acerca un tema que históricamente conocemos la mayoría de nosotros, pero que, sin embargo, le da una cuota de bella originalidad y una química corporal que desata, también, los deseos del espectador.

Zaira Marchetto






FICHA TÉCNICA

AUTOR 
MARIO DAMENT

Dirección

Manuel Iedvabni

Elenco
Ana Yovino
Edgardo Moreira
Pablo Razuk
Georgina Rey
Luis Gasloli
Rodrigo Pagano
Santiago Figueroa

Escenografía y Vestuario: Silvia Bonel
Diseño de Iluminación: Gustavo Dimas García
Asistente de Dirección: Marcelo Dadivovich
Prensa: Duche&Zarate
Producción General: Martin García

Funciones: Sábados y domingos 20 HS.

Teatro Del Pueblo - Av. Roque Saenz Peña 943